Guaruguaja


LA DESTRUCCIÓN DEL COMPLEJO CULTURAL JOSEFA CAMEJO DE PARAGUANÁ
abril 18, 2016, 8:51 pm
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LA DESTRUCCIÓN DEL COMPLEJO CULTURAL JOSEFA CAMEJO

 

Isaac López

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La destrucción del Complejo Cultural Josefa Camejo de Pueblo Nuevo de Paraguaná tiene dos expresiones: por una parte el deterioro y ruina de su infraestructura física por falta de políticas de mantenimiento y conservación, que ha hecho que hoy exhiba un techo de madera inundado de comején en sus galerías y salones, baños inutilizados, jardines enmontados, y auditórium con las paredes de madera destrozadas, butacas salpicadas de cemento, falta de puertas y ventanas; y por la otra, el eclipse de su función como órgano difusor de la identidad y tradición paraguaneras por falta de políticas culturales claras, coherentes y sostenidas en el tiempo. De todo lo anterior son responsables quienes en los últimos tiempos han dirigido el Instituto de Cultura y Alcaldía del Municipio Falcón.

 

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El Complejo Cultural Josefa Camejo fue construido entre 1900 y 1991 con aportes municipales, regionales y nacionales, e inaugurado en el acto central de la programación organizada para conmemorar el bicentenario del nacimiento de la heroína de los falconianos, celebrándose allí la cesión especial del Congreso Nacional sobre el particular.

 

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Entre 1992 y 2004, con las direcciones de Yoleida de Hernández y Giovanny Gómez, el Complejo Cultural Josefa Camejo desarrolló un trabajo de investigación, recopilación y difusión cultural que le valieron proyección regional y nacional. Testimonio de ello son la grabación de cinco cd de Salveros y decimistas de la península, el proyecto de restauración de casas de valor tradicional de Pueblo Nuevo, los Talleres de Historia y Patrimonio Cultural dirigidos a docentes, la creación de la Sala de Audiovisuales “Carlos Luis Fortique” y de exposiciones “Otoniel Salas”, la conformación de una tienda de artesanías, el otorgamiento del Premio Jóvenes Voluntades, la página web paraguanacultural.com, los Festivales de Teatro y Danza del Municipio Falcón, el video sobre artesanos “Arte de las manos, poesía de la tierra”, la creación del Archivo Histórico de Paraguaná y una importante acción editorial que publicó lo mismo a poetas populares como Juan Ponuncio Rodríguez y Ciro Alvarado que reeditó nombres olvidados como Genoveva De Castro o León B. Weffer.

 

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Entre 2005 y 2016 el Complejo Cultural Josefa Camejo ha tenido once directores o responsables: Laura Sierraalta, Orys de Arellano, Cleta Quintero, Anabel Suarez, Alma Nathaly Romero, Henry Pino, Raycimar Garcés, Mario Betancourt, Marcia Lugo, Felicidad Orellana y Francisco Urbina, sin embargo –a excepción del Archivo Histórico- ninguno de los programas señalados tuvieron continuidad, y la sede cultural pasó a ser bajo las administraciones de Américo Parra y Freddys Romero un apéndice de las dependencias de la Alcaldía del Municipio Falcón y del partido de gobierno, partidizándose su función a través de propaganda, concentraciones, reuniones y eventos del Partido Socialista Unido de Venezuela, acciones que los gobiernos municipales anteriores no se atrevieron a realizar, respetando la visión amplia del trabajo cultural.

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La Ordenanza del Instituto de Cultura del Municipio Falcón, aprobada en 2003 y modificada en 2008, no se cumple, y desde hace mucho tiempo no se convoca la elección y funcionamiento de su  directiva. La llamada “casa orgullo de Pueblo Nuevo”, “embajada de Paraguaná ante el mundo” y “casa de todos”, pasó a ser centro de “proyección de la revolución cultural” y poco a poco pasto del deterioro.

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El pasado dos de abril un foro de grupos culturales y cultores llamó la atención sobre la necesidad de plantear claramente una política cultural para el Municipio Falcón, que entre otros asuntos encare la recuperación de casas de cultura como las de Adícora y Buena Vista también en franco deterioro, reactive los soportes legales del Instituto de Cultura del Municipio, deslastre del manejo partidista y devuelva su actividad cultural fundamental al Complejo Josefa Camejo.

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Esperamos de la Alcaldía del Municipio Falcón una respuesta a lo propuesto y que el centro vuelva a ser la sede de un proyecto cultural coherente para la entidad, un proyecto fundamental para nuestra región.

 

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DE LA CASA DE LAS TELLERÍA A LA DULCE ESQUINA
marzo 11, 2016, 9:56 pm
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LA CASA DE LAS TELLERIA

 

Isaac Abraham López

 

Pueblo Nuevo constituye el poblado más importante de Paraguaná erigido en los siglos coloniales. Fue centro comercial, sede de las autoridades y asentamiento de las más destacadas familias de la jurisdicción en la etapa española. Su origen se remonta a las primeras décadas del siglo dieciocho, y en esos tiempos iniciales surgió lo que constituye el último de los conjuntos arquitectónicos tradicionales que a duras penas sobrevive en Paraguaná.

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Conforman hitos imprescindibles de ese conjunto casonas de acentuada importancia histórica como la llamada Casa de los Toledo, la de los Madriz, la de Lope Hill,  la de León B. Weffer, o la de Pedro Sierraalta, entre otras. Todas ubicadas en el centro histórico de la antigua capital de Paraguaná.

 

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En la calle Bolívar, diagonal a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, se levanta la llamada Casa del Aljibe o de las Tellería, que fuera residencia en las décadas finales del siglo diecinueve de  la familia Tellería Madriz. Don Francisco María Tellería Urbina nació en Paraguaná el 27 de septiembre de 1838 y fueron sus padres Francisco Tellería y Josefa María Urbina. Estudió en Coro, y luego en Caracas donde obtuvo el título de Bachiller en Filosofía en 1862. Se desempeñó como Ministro de las Cortes del Estado, y  en febrero de 1865 se casó con Ana María Madriz Garcés, hija de José Santiago Madriz y de Celestina Garcés Rosillo, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Pueblo Nuevo.

 

Don Pancho Tellería tomó las armas durante la llamada Restauración Liberal defendiendo el gobierno de Cipriano Castro y en 1903 combatió en Coro. También en Pueblo Nuevo, el cerro de Santa Ana y Los Taques contra fuerzas acaudilladas por el General Juan Sierraalta Tinoco, como parte de las contradicciones entre los partidos regionales conocidos como rieristas y telleriistas. Don Pancho murió el 31 de agosto de 1904.

 

 

Por su parte, su esposa Doña Ana María Madriz nació en Pueblo Nuevo en 1843 y su deceso se produjo en 1916. El escritor coriano Justiniano Graterol y Morles escribe en el Obituario de la matrona que “la vimos siempre propender al mayor auge y brillo de las festividades religiosas…” Actitud que heredarían sus hijas tanto en el templo de San Francisco en Coro, como en la Iglesia de la Inmaculada en Pueblo Nuevo, con el adorno y celebración del llamado Altar del Calvario. Fueron los Tellería quienes sufragaron la construcción de dicho altar, lamentablemente desaparecido recientemente de la Iglesia de la capital histórica de Paraguaná.

 

Fueron hijos del matrimonio de Francisco María Tellería y Ana María Madriz: Arístides, Francisco  Segundo, María, Josefa, Mercedes, Rosa, Olimpia y Francisca Ana Tellería Madriz. A pesar de la meritoria trayectoria y participación política de los dos hijos varones del matrimonio, la casa de la familia se perpetuó en el tiempo –de acuerdo a una tradición muy nuestra- como la casa de las Tellería, quizás por la presencia conductora de sus mujeres en el culto religioso local.

 

La casa de las Tellería cuenta con un aljibe en su patio central, por lo cual también se le conocía con ese nombre. Poseía una amplia galería de ladrillos y hasta caballeriza y entrada de coches. La casa de las Tellería es la única en el conjunto tradicional de Pueblo Nuevo que posee en sus ventanas amplias barandas de hierro. Este inmueble constituye un hito en la relación entre Paraguaná y Coro, y fue sitio de principal importancia en la vida social y política en la jurisdicción coriana.

 

No puede desvincularse la presencia de los Tellería en Pueblo Nuevo de lo más esmerado y exaltatorio del culto religioso cristiano en el poblado, y sobretodo de la dedicación al adorno de su templo. De hecho, fue en 1906, durante el gobierno regional de Arístides Tellería, cuando se iniciaron los trabajos de refacción de la Iglesia de la Inmaculada que le otorgaron su fisonomía actual. Cuenta la tradición oral novopoblana que entre la casa de las Tellería y la iglesia existía, en tiempos en que las calles del poblado eran de tierra, un pasaje de piedras.

En la casa de las Tellería se reunieron los principales caudillos corianos en 1891 para reorganizar el Partido Liberal Independiente, luego de la muerte de su principal líder en el Estado Falcón el General Angel Evaristo Tellería. Nació en esa casa el general Arístides Tellería Madriz quien se desempeñó como Presidente de los Estados Falcón y Bolívar, Administrador de la Aduana del Táchira, Ministro de Fomento, y Presidente del Congreso Nacional, siendo autor del libro titulado Mi actuación en la vida pública. En un entretecho de la casa se descubrieron en años recientes dos armas de fuego de valor histórico.

De acuerdo también a la tradición oral novopoblana, fue durante el gobierno regional de Arístides Tellería cuando comenzó la exaltación de Josefa Camejo como heroína de la Independencia. Como muchas otras de Pueblo Nuevo, esta casa cuenta una historia que es necesario conservar y difundir para la memoria de las futuras generaciones de paraguaneros y como atractivo turístico de particular interés.

 

Isaacabraham75@gmail.com

 



Castor Petit, donde habita la memoria
marzo 8, 2016, 9:55 pm
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CASTOR PETIT, DONDE HABITA LA MEMORIA

 

Isaac López

Castor me recibe en lo que queda de su negocio, entre cajones y sacos, cerca del cantar de los gallos. Me conoce y le conozco, somos hijos del mismo pueblo, aunque median entre nosotros dos generaciones de lugareños. Empezamos a hablar de la primera gente que recuerda de su juventud. Me habla de Nicolás Hermán, “un hombre antiguo”, matadores de animales que vendían carne de chivos y marranos por las calles de Pueblo Nuevo de Paraguaná. “Vendían chivo por las calles a real y medio el kilo en un cajón. Esa época era más o menos por allá por el año 1926. Un kilo de marrano adobao –que ahora no adoban el marrano-, lo vendían ellos en 1,25. Nico que era la bodega más vieja ahí, ese se lo envolvía en un pedazo de eso donde vienen las panelas, un sepo que llaman. Ahí envolvía un cuarto de panela, media panela.” “Las bodegas viejas se acabaron. Aquí nomás queda esta ratonerita que tengo yo, que vendo maí, panela, tabaco… Fue fundada en el año 40 y todavía está pataleando. La de Nico, la de Alonso Reyes, la de Romualdo Raz, Tomás Rivas, Pantaleón Rivas, todas esas se acabaron”.

Hablo con un hombre del pueblo. Castor tiene en su estomago barro del Tanquecito, y sus ojos cansados han visto más de una pelea de gallos en Pueblo Nuevo. ¿Cómo reconstruir la historia de la gente, sino es a través de estas historias de vida, de estos relatos de la gente? Castor es un documento vivo. Su narración es la de un hombre nuestro que ha visto pasar el transcurrir de los años y las esperanzas de su pueblo por un mejor vivir. Su memoria no es infalible, la memoria nunca lo es. Como todo testimonio, su palabra es una parte de la historia.

 

Castor Petit también me habla de las primeras galleras del poblado. Me dice que la primera gallera estuvo en el sitio nombrado El Guarataro, cercano a donde estuvo el Matadero Municipal, “por allá por el año 28”. El agua nos cuenta, comenzó a ser surtida a Pueblo Nuevo entre los años 1964 y 1967, “desde Tacuato la metieron”. Recuerda el acueducto de Amparo que “pagaba uno tres bolívares la plumita pa la casa. Eso fue en el año 25… En ese año estaba mandando Argenis Azuaje. En el año 25. A las cinco comenzaba la gente a buscar agua en la pilita esa. No había ahonde más. Y la de beber ahí en El tanquecito.”.

Cada episodio que va contándome, cada personaje que va nombrando, es como si reviviéramos aquí un tiempo que nos pertenece y que no debemos perder. Una memoria de los días que pueden explicarnos. Le pregunto entonces por este Pueblo Nuevo en el cual transcurre su vejez, sobre este lugar donde habitan sus hijos, nietos y bisnietos, sobre este Pueblo Nuevo tan golpeado por propios y extraños. Castor Petit también tiene una palabra, una explicación al porque de este letargo. “Ahora Pueblo Nuevo está de arrastras… Porque no hay hombres como los de antes. En estos días saqué yo la cuenta, se han muerto treinta. Hombres buenos. Buenos. Que llegaba cualquiera del campo y le hacían la caridad, lo sacaban del empeño. Cualquier asunto que tenían, llegaban de mañanita a que el papá mío, a que Cototo, y le preguntaban: “Cototo cómo haré esto. Me pasa esto y esto.” Agapito García tenía un negocio y dos camiones, y él los remediaba. Antonio Medina era bueno también, bueno… El tío mío, Damaso Petit, no tenía na, pero les decía como iban a hacer. Y así. Ahora busque  a uno que uno vaya a preguntarle una cosa. Nery Díaz, Luis Rodríguez Otero eran hombres buenos, buenos… Treinta conté yo que se han muerto. Que sabían hacer las cosas.”petit0000



Mi semblanza de Carlos González Batista
marzo 8, 2016, 9:43 pm
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MI SEMBLANZA DE CARLOS GONZÁLEZ BATISTA

NI ADIOS, NI DESPEDIDA. AL HISTORIADOR DE PARAGUANÁ22

 

 



TRABAJO “CORO. CRÍTICA HISTORIOGRÁFICA Y FUENTES PARA SU ESTUDIO”
abril 4, 2013, 11:46 pm
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En este trabajo se analiza la producción histórica sobre la región coriana para el período 1527 a 1821 y se aportam 7.200 referencias documentales del Archivo General de la Nación que tratan deTESIS. CORO CRÍTICA HISTORIOGRAFICA COMPLETA Coro y su jurisdicción.



CIEN AÑOS DE LA HAMBRUNA EN PARAGUANÁ
abril 4, 2013, 9:51 pm
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1912-2012

CUANDO TODAS LAS PALABRAS ERAN HERMANAS DE LA SED

Isaac López

A mi hermano

Marcada en la memoria del pueblo paraguanero quedó para siempre una fecha: 1912, el año del hambre. Entre los hitos de la historiografía falconiana quizás sea ese el que tenga mayor sentido popular, quizás porque no constituye efemérides para el regodeo en pasados de heroicidad y batallas, en logros de élites políticas o en beneficios para los sectores que controlan la economía regional. Al contrario, la hambruna padecida en los inicios del siglo veinte se inscribe en la necesidad de respuesta a los anhelos aún presentes de nuestra gente humilde, por eso también su manifestación en la veneración a las ánimas de Guasare y de Güica. Los hechos quedan expuestos en una abundante oralidad aún no recogida ni sistematizada, pero que da cuenta de las calamidades y penurias vividas  al propiciarse un tiempo de larga sequía, donde escasearon además los alimentos y abundaron las enfermedades. Tratado referencialmente en crónicas, artículos o libros de historia, no es hasta años recientes cuando se ha comenzado a afrontar una reconstrucción de la tragedia vivida en Paraguaná desde los supuestos de la investigación seria que merece.

Alí Brett Martínez, conciencia crítica y escritura altiva, escribió en su libro Aquella Paraguaná, de 1970: “Recuerdo las loterías cantadas en metáforas. El 33 era la edad de Cristo; el 22, dos paticos nadando; el 12 significaba el año del hambre…”  Y en su Paraguaná en otras palabras, de 1974, recoge el testimonio de su tía Josefa de Sánchez, para traernos el recuerdo de esos días terribles: “En el año 12 la gente se alimentaba con semillas de mamón sancochadas; hacía arepas con algunas raíces molidas o comía pedazos de cueros asados.” “Dicen que en algunos campos de Paraguaná las madres le quitaban la comida de la boca a los hijos. Hacían llorar a los niños en momentos de llegar a las puertas de las casas de la gente con posibilidades. Cuando recibían el pedazo de arepa se lo arrebataban al hijo. Si les recriminaban por la actitud, las madres se defendían diciendo: Lo que yo me como lo saca él por la teta.”  El propio autor agrega en sus palabras: “Paraguaneros que vivieron el 12 cuentan hechos espeluznantes. En la desesperación del hambre la gente se alimentaba con plantas silvestres. El teco, una palma sin tallo muy abundante en algunos lugares de la península, sirvió de comida. Las iguanas casi desaparecieron y hay quienes aseguran que los más hambrientos se comían los bisures asados… El agua que se consumía era de casimbas salobres… Año de infaustas referencias que nos quedaron hasta en el refrán. Cuando alguien mezquina algo en la península, no falta quien le diga; pareces del 12.”

La imagen se repite una y otra vez al escuchar los relatos sobre la hambruna: en alguna vereda de monte una mujer es encontrada muerta, sobre el pecho inerte su hija de meses se amamanta. Un esqueleto alimenta una vida que comienza. El hambre del año doce es referencia cultural y sino de la península falconiana que pocos años más tarde vio establecerse en sus predios la incipiente industria del petróleo para almacenar y refinar el crudo venido del vecino estado Zulia. La muerte de un sistema económico forjado en trescientos años de historia, basado en el trabajo agrícola y pecuario, y el nacimiento de un nuevo tiempo marcado por la vida petrolera, tienen como intermedio un hecho telúrico que quedó impreso en la conciencia popular.

Autores como Aníbal Hill Peña (1943), Rafael Sánchez (1970), Ivan y Rodrigo Rodríguez Hidalgo (1973 y 1978), Juan C. Esteves (1980), Carlos González Batista (1984), Graciano Gasparini (1985), Mario Jacobo Penso y Rafael Gallardo (1986), Eudes Navas Soto (1993), o Jaime Laffaille (2011) presentan referencias y anécdotas, intentos de reconstrucción y análisis de los hechos que causaron la tragedia de la hambruna en Paraguaná en 1912. Pero sin duda alguna, junto a la destacada tradición oral sobre los hechos, en nuestra región uno de los más importantes referentes lo constituye la pieza teatral Los Dientes están demás, recreación del episodio a partir de testimonios recogidos en la península por el poeta Guillermo De León Calles. Impresa en Editorial Arte en 1976, ocho cuadros marcados por la dramaturgia irreverente de la época muestran el retrato de la desolación, la angustia., la zozobra y la desesperanza vividas.    

“Yo nunca creí en eso de que el verano iba a traer tantos desastres”, “Ni seña de que pueda caer una llovizna”, “¿No lo vamos a enterrar?”, “Ya ni nos lloran. Antes de que la maldición cayera sobre Paraguaná. Cuando uno era gente viviendo sobre la tierra…” Los sepultureros sostienen un diálogo de sordos, nadie escucha a nadie. El Libro de Defunciones del Distrito Falcón, localizado en el Archivo Histórico de Paraguaná, en sus 329 actas de defunción señala como causas: hidropesía, anemia, disentería, enteritis, cólera, hambre, hambre, hambre…  Más allá de las fantasmagorías, de los retratos macabros, de las creencias y supersticiones, -todos aspectos importantes para adentrarnos al fenómeno-, dos trabajos elaborados desde la Universidad Central de Venezuela presentan desde los supuestos de las disciplinas de la Historia y la Antropología las mejores reconstrucciones del tema. Se trata de La Hambruna de 1912 en la Península de Paraguaná, de Aida Urquía (1999) y El Año del Hambre. La sequía y el desastre en Paraguaná en 1912, de María Victoria Padilla (2011), textos fundamentales para conocer  las causas que originaron los hechos.

¿Por qué morían de hambre con tanto alimento en el mar? ¿Por qué por un solo año de sequía iba a ocurrir tal mortandad? ¿Por qué era una odisea el viaje a Coro y a la sierra si había una rutina de relación a través de embarcaciones desde Los Taques o Adícora? ¿Por qué no se produjo la solidaridad de las islas de Aruba y Curazao con las cuales la península siempre ha tenido intercambio? Basado en la exploración exhaustiva de fuentes documentales en centros regionales, nacionales e internacionales, el trabajo de María Victoria Padilla El Año del Hambre. La sequía y el desastre en Paraguaná en 1912 ofrece información importante para acercarnos a la comprensión de los hechos. Tres factores apunta la investigadora como desencadenantes del suceso: la sequía prolongada desde inicios del año 1911 por la cual se agotaron todas las fuentes de suministro de agua; el fenómeno climático de oscilación sur “El Niño” que hizo entre otros fenómenos escasearan las especies de mar tradicionalmente consumidas por los paraguaneros; y el azote de una inmensa plaga de langostas (chebebes) que diezmó la vegetación; unidos a la fragilidad y vulnerabilidad del sistema de vida de la Península, al precario sistema de comunicaciones y de salud, y a la indiferencia del gobierno regional del general León Jurado y nacional de Juan Vicente Gómez, cuya atención se centraba en ese momento hacia aquellas regiones que ofrecieran la posibilidad de yacimientos petrolíferos. Ante esa conjunción de factores –apunta Padilla- los mecanismos de adaptación de los paraguaneros en su modo de vida hicieron crisis, y las repercusiones afectaron principalmente a la gente más humilde, a los pobres de siempre, pequeños comerciantes y propietarios, criadores y conuqueros, asalariados y jornaleros. La situación no fue vivida sólo en Paraguaná, sino también en otras zonas del estado y del país, pero en otras regiones no alcanzó el dramatismo vivido en la península. Mil ochocientas veintinueve víctimas del desastre reportan las estimaciones de María Victoria Padilla, a las que nunca será posible sumar las de muertos anónimos regados por los mil caminos de la tierra reseca.

Digo del hambre con respeto por todos nuestros muertos, por la desgracia de esa humilde gente nuestra, obligada a la desesperada huida. Enciendo esta vela por Guasare y por Güica, en Piedra Honda y en las cercanías del Cementerio de El Vínculo, en todos aquellos parajes donde pequeñas cruces o piedras a la vera del camino dejaron el recuerdo de aquellos a quienes arrasó la tragedia. A cien años del doce muchas preguntas urgen por respuesta, interrogantes del ayer, del hoy y del futuro de la región. ¿Por qué sigue siendo tan precario el suministro de agua para los pueblos de Paraguaná.? ¿Por qué es una calamidad el conseguir el preciado líquido a la gente humilde de nuestra tierra, si se convive con los discursos satisfechos de la industria petrolera y de la zona libre de inversión turística? ¿Por qué sigue siendo falso y artificial el desarrollo peninsular? ¿Por qué coexisten frente a frente Tiguadare y el Paraguaná Moll? Como bien lo apunta Guillermo De León Calles en las palabras de su personaje: el año doce no ha muerto. Sigue presente, como una advertencia. Condena por la desigualdad del “progreso paraguanero”, metáfora de una vida que no hemos sabido construir. El esqueleto de la superficialidad nos alienta.

Ubicada en las orillas de la Salina de Maquigüa
Ubicada en las orillas de la Salina de Maquigüa


Tiquiba, fuego de todas las palabras
noviembre 20, 2008, 4:17 pm
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Tiquiba
Tiquiba

 “Por eso estamos aquí. Siempre del lado de los honestos, de los creadores. Del lado de aquellas personas que no han juzgado a nadie si no por la honestidad que militan.”

Yolanda Delgado
Radio Nacional de Venezuela

Hace ya tres años el Encuentro Puntual de los Amigos, una de las actividades más destacadas desarrolladas por ese grupo entusiasta llamado Tiquiba, no alumbra con su sol la mañana de Paraguaná. La causa la hemos denunciado por diversidad de medios: la arrogancia de un Alcalde que ha secuestrado los espacios culturales para el proselitismo partidista y decretado la exclusión de quienes no piensen como él. Así como ha habido el silencio cómplice de muchos ante la situación, también se ha dado el aliento, la palabra, el gesto solidario a una labor de más de dos décadas y a una actividad que hizo del Complejo Cultural Josefa Camejo una referencia nacional.

Cecilia Todd, quien ha llevado al mundo el canto popular venezolano y participó durante dos años en el Encuentro Puntual de los Amigos nos expresó: “Este tipo de personajitos son los que hacen mucho daño al país, sobre todo en este momento de supuestos cambios. Son los coleados, los que aprovechándose de la coyuntura se hacen pasar por otra cosa pero que son fieles representantes de lo que hemos sufrido por tantos y tantos años. Creo que el caso hay que llevarlo a otras instancias porque lamentablemente no es el único. Cuenten conmigo para lo que sea. Estoy segura de que van a seguir llevando a cabo su misión como hasta ahora lo han hecho pues en 20 años con seguridad que no han sido pocos los problemas que han sabido sortear, esta vez no va a ser diferente. Además en todo este camino tampoco somos pocos los amigos que estamos dispuestos a apoyarlos y a solidarizarnos con ustedes. Para lo que sea estoy a la orden.”

La investigadora Belkis Rojas, de la Universidad de Los Andes en Mérida, nos dijo: “Cuanto lamento que mis solidarios amigos de Tiquiba estén pasando por esto. Es una grandísima pérdida de tiempo y energía tener que ocuparse de cosillas tan oscuras y mediocres. Me gustaría decirles que no se preocupen, que la basura poco apura, pero se, por experiencia propia que eso no es así. La basura molesta y mucho y hay que ocuparse. Me parece bien la defensa civilizada que están haciendo, tal como corresponde a lo que ustedes son como personas y a su quehacer de siempre. Existe mucho ser irracional, enfrentarlos es muy difícil porque no juegan con la razón sino que se burlan de ella. Les deseo suerte en esa quijotesca batalla. Mi apoyo, mi cariño, la razón y por lo menos la poca verdad que pueda existir en toda esta controversia está con ustedes los Tiquiba. Cuenten conmigo si puedo ayudarles en algo.

La docente e investigadora de la Universidad Francisco de Miranda en Coro Blanca De Lima, facilitadora de los talleres de Historia Oral que formaron parte del programa del Encuentro Puntual de los Amigos también nos hizo llegar su sentir: “siempre he admirado tu afecto al terruño y tu intensa labor y la de los jóvenes y docentes del municipio por rescatar la memoria, la identidad y la historia local. Voy saliendo hacia Madrid a un curso, precisamente para mejorar mis conocimientos en la búsqueda permanente del rescate de lo propio, parte de cuyas raíces están cruzando el mar. Me solidarizo contigo en todo cuanto ayude a salvar la labor de tantos años. Con afecto y solidaridad.” María García, directora del Archivo Histórico de Guayana en Ciudad Bolívar envió palabras desde las orillas del Orinoco: “Amigos la fortaleza de los hombres está en su fe y en el esfuerzo que realizan por lograr lo que creen. Siempre han luchado con la adversidad. Desde aquí y desde allá quienes conocemos su trabajo de años apoyamos su esfuerzo por lograr el desarrollo cultural de su Falcón querido. No den  ni se den tregua. Adelante. Un abrazo y todo mi apoyo fraterno.

Desde Barquisimeto, el poeta Julio César Blanco Rossitto, palabra trascendente del recital con el cual siempre finalizaban los encuentros puntuales nos hacía llegar su abrazo: “Con tristeza he seguido las informaciones recibidas por ustedes en torno al trato que han recibido de parte de las autoridades municipales. Desconozco la política doméstica del Municipio Falcón, así como la trayectoria de las personas que la ejecutan, por consiguiente no podría tomar parte en esos asuntos sin cometer el pecado de la parcialización. Sin embargo, se del trabajo que ustedes han venido realizando con ahínco, amor, desinterés y sobre todo, pluralismo. A todos los hombres y mujeres que de una u otra forma hacemos cultura, no puede más que entristecernos la corta visión de algunas autoridades que lejos de contribuir a fortalecer el desarrollo de un patrimonio que pertenece a los pueblos, y por ende a la humanidad, se esmeran en intentar destruirlo. Es propio de necios, hacer gala de la intolerancia y el radicalismo en estos albores del siglo XXI. La categoría de revolucionarios no solo aplica a quienes dicen profesar ciertas ideas políticas, sino más bien a quienes con sus acciones, sin distingo de condición social, raza, cultura, religión y sexo, contribuyen al fortalecimiento de la Condición Humana, entendiendo esta como el derecho a la libertad, la paz, la disensión, la crítica sana, entre muchas otras cualidades del hombre. Valga esta breve reflexión para aquellos amigos que un día me recibieron en Pueblo Nuevo de Paraguaná donde llegué a pedir posada y me recibieron a cambio de nada, y mitigaron mi sed espiritual, sin solicitar salvoconducto alguno.”  Por ese sentir, expresado desde los cuatro puntos cardinales de Venezuela, pero fundamentalmente por una comunidad que espera de sus hijos, seguimos adelante a pesar de los golpes y la exclusión.

Isaac López

Isaac en Lisboa

Isaac en Lisboa