Guaruguaja


DE LA CASA DE LAS TELLERÍA A LA DULCE ESQUINA
marzo 11, 2016, 9:56 pm
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LA CASA DE LAS TELLERIA

 

Isaac Abraham López

 

Pueblo Nuevo constituye el poblado más importante de Paraguaná erigido en los siglos coloniales. Fue centro comercial, sede de las autoridades y asentamiento de las más destacadas familias de la jurisdicción en la etapa española. Su origen se remonta a las primeras décadas del siglo dieciocho, y en esos tiempos iniciales surgió lo que constituye el último de los conjuntos arquitectónicos tradicionales que a duras penas sobrevive en Paraguaná.

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Conforman hitos imprescindibles de ese conjunto casonas de acentuada importancia histórica como la llamada Casa de los Toledo, la de los Madriz, la de Lope Hill,  la de León B. Weffer, o la de Pedro Sierraalta, entre otras. Todas ubicadas en el centro histórico de la antigua capital de Paraguaná.

 

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En la calle Bolívar, diagonal a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, se levanta la llamada Casa del Aljibe o de las Tellería, que fuera residencia en las décadas finales del siglo diecinueve de  la familia Tellería Madriz. Don Francisco María Tellería Urbina nació en Paraguaná el 27 de septiembre de 1838 y fueron sus padres Francisco Tellería y Josefa María Urbina. Estudió en Coro, y luego en Caracas donde obtuvo el título de Bachiller en Filosofía en 1862. Se desempeñó como Ministro de las Cortes del Estado, y  en febrero de 1865 se casó con Ana María Madriz Garcés, hija de José Santiago Madriz y de Celestina Garcés Rosillo, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Pueblo Nuevo.

 

Don Pancho Tellería tomó las armas durante la llamada Restauración Liberal defendiendo el gobierno de Cipriano Castro y en 1903 combatió en Coro. También en Pueblo Nuevo, el cerro de Santa Ana y Los Taques contra fuerzas acaudilladas por el General Juan Sierraalta Tinoco, como parte de las contradicciones entre los partidos regionales conocidos como rieristas y telleriistas. Don Pancho murió el 31 de agosto de 1904.

 

 

Por su parte, su esposa Doña Ana María Madriz nació en Pueblo Nuevo en 1843 y su deceso se produjo en 1916. El escritor coriano Justiniano Graterol y Morles escribe en el Obituario de la matrona que “la vimos siempre propender al mayor auge y brillo de las festividades religiosas…” Actitud que heredarían sus hijas tanto en el templo de San Francisco en Coro, como en la Iglesia de la Inmaculada en Pueblo Nuevo, con el adorno y celebración del llamado Altar del Calvario. Fueron los Tellería quienes sufragaron la construcción de dicho altar, lamentablemente desaparecido recientemente de la Iglesia de la capital histórica de Paraguaná.

 

Fueron hijos del matrimonio de Francisco María Tellería y Ana María Madriz: Arístides, Francisco  Segundo, María, Josefa, Mercedes, Rosa, Olimpia y Francisca Ana Tellería Madriz. A pesar de la meritoria trayectoria y participación política de los dos hijos varones del matrimonio, la casa de la familia se perpetuó en el tiempo –de acuerdo a una tradición muy nuestra- como la casa de las Tellería, quizás por la presencia conductora de sus mujeres en el culto religioso local.

 

La casa de las Tellería cuenta con un aljibe en su patio central, por lo cual también se le conocía con ese nombre. Poseía una amplia galería de ladrillos y hasta caballeriza y entrada de coches. La casa de las Tellería es la única en el conjunto tradicional de Pueblo Nuevo que posee en sus ventanas amplias barandas de hierro. Este inmueble constituye un hito en la relación entre Paraguaná y Coro, y fue sitio de principal importancia en la vida social y política en la jurisdicción coriana.

 

No puede desvincularse la presencia de los Tellería en Pueblo Nuevo de lo más esmerado y exaltatorio del culto religioso cristiano en el poblado, y sobretodo de la dedicación al adorno de su templo. De hecho, fue en 1906, durante el gobierno regional de Arístides Tellería, cuando se iniciaron los trabajos de refacción de la Iglesia de la Inmaculada que le otorgaron su fisonomía actual. Cuenta la tradición oral novopoblana que entre la casa de las Tellería y la iglesia existía, en tiempos en que las calles del poblado eran de tierra, un pasaje de piedras.

En la casa de las Tellería se reunieron los principales caudillos corianos en 1891 para reorganizar el Partido Liberal Independiente, luego de la muerte de su principal líder en el Estado Falcón el General Angel Evaristo Tellería. Nació en esa casa el general Arístides Tellería Madriz quien se desempeñó como Presidente de los Estados Falcón y Bolívar, Administrador de la Aduana del Táchira, Ministro de Fomento, y Presidente del Congreso Nacional, siendo autor del libro titulado Mi actuación en la vida pública. En un entretecho de la casa se descubrieron en años recientes dos armas de fuego de valor histórico.

De acuerdo también a la tradición oral novopoblana, fue durante el gobierno regional de Arístides Tellería cuando comenzó la exaltación de Josefa Camejo como heroína de la Independencia. Como muchas otras de Pueblo Nuevo, esta casa cuenta una historia que es necesario conservar y difundir para la memoria de las futuras generaciones de paraguaneros y como atractivo turístico de particular interés.

 

Isaacabraham75@gmail.com

 

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Castor Petit, donde habita la memoria
marzo 8, 2016, 9:55 pm
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CASTOR PETIT, DONDE HABITA LA MEMORIA

 

Isaac López

Castor me recibe en lo que queda de su negocio, entre cajones y sacos, cerca del cantar de los gallos. Me conoce y le conozco, somos hijos del mismo pueblo, aunque median entre nosotros dos generaciones de lugareños. Empezamos a hablar de la primera gente que recuerda de su juventud. Me habla de Nicolás Hermán, “un hombre antiguo”, matadores de animales que vendían carne de chivos y marranos por las calles de Pueblo Nuevo de Paraguaná. “Vendían chivo por las calles a real y medio el kilo en un cajón. Esa época era más o menos por allá por el año 1926. Un kilo de marrano adobao –que ahora no adoban el marrano-, lo vendían ellos en 1,25. Nico que era la bodega más vieja ahí, ese se lo envolvía en un pedazo de eso donde vienen las panelas, un sepo que llaman. Ahí envolvía un cuarto de panela, media panela.” “Las bodegas viejas se acabaron. Aquí nomás queda esta ratonerita que tengo yo, que vendo maí, panela, tabaco… Fue fundada en el año 40 y todavía está pataleando. La de Nico, la de Alonso Reyes, la de Romualdo Raz, Tomás Rivas, Pantaleón Rivas, todas esas se acabaron”.

Hablo con un hombre del pueblo. Castor tiene en su estomago barro del Tanquecito, y sus ojos cansados han visto más de una pelea de gallos en Pueblo Nuevo. ¿Cómo reconstruir la historia de la gente, sino es a través de estas historias de vida, de estos relatos de la gente? Castor es un documento vivo. Su narración es la de un hombre nuestro que ha visto pasar el transcurrir de los años y las esperanzas de su pueblo por un mejor vivir. Su memoria no es infalible, la memoria nunca lo es. Como todo testimonio, su palabra es una parte de la historia.

 

Castor Petit también me habla de las primeras galleras del poblado. Me dice que la primera gallera estuvo en el sitio nombrado El Guarataro, cercano a donde estuvo el Matadero Municipal, “por allá por el año 28”. El agua nos cuenta, comenzó a ser surtida a Pueblo Nuevo entre los años 1964 y 1967, “desde Tacuato la metieron”. Recuerda el acueducto de Amparo que “pagaba uno tres bolívares la plumita pa la casa. Eso fue en el año 25… En ese año estaba mandando Argenis Azuaje. En el año 25. A las cinco comenzaba la gente a buscar agua en la pilita esa. No había ahonde más. Y la de beber ahí en El tanquecito.”.

Cada episodio que va contándome, cada personaje que va nombrando, es como si reviviéramos aquí un tiempo que nos pertenece y que no debemos perder. Una memoria de los días que pueden explicarnos. Le pregunto entonces por este Pueblo Nuevo en el cual transcurre su vejez, sobre este lugar donde habitan sus hijos, nietos y bisnietos, sobre este Pueblo Nuevo tan golpeado por propios y extraños. Castor Petit también tiene una palabra, una explicación al porque de este letargo. “Ahora Pueblo Nuevo está de arrastras… Porque no hay hombres como los de antes. En estos días saqué yo la cuenta, se han muerto treinta. Hombres buenos. Buenos. Que llegaba cualquiera del campo y le hacían la caridad, lo sacaban del empeño. Cualquier asunto que tenían, llegaban de mañanita a que el papá mío, a que Cototo, y le preguntaban: “Cototo cómo haré esto. Me pasa esto y esto.” Agapito García tenía un negocio y dos camiones, y él los remediaba. Antonio Medina era bueno también, bueno… El tío mío, Damaso Petit, no tenía na, pero les decía como iban a hacer. Y así. Ahora busque  a uno que uno vaya a preguntarle una cosa. Nery Díaz, Luis Rodríguez Otero eran hombres buenos, buenos… Treinta conté yo que se han muerto. Que sabían hacer las cosas.”petit0000



Mi semblanza de Carlos González Batista
marzo 8, 2016, 9:43 pm
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MI SEMBLANZA DE CARLOS GONZÁLEZ BATISTA

NI ADIOS, NI DESPEDIDA. AL HISTORIADOR DE PARAGUANÁ22