Guaruguaja


TRABAJO “CORO. CRÍTICA HISTORIOGRÁFICA Y FUENTES PARA SU ESTUDIO”
abril 4, 2013, 11:46 pm
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En este trabajo se analiza la producción histórica sobre la región coriana para el período 1527 a 1821 y se aportam 7.200 referencias documentales del Archivo General de la Nación que tratan deTESIS. CORO CRÍTICA HISTORIOGRAFICA COMPLETA Coro y su jurisdicción.

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CIEN AÑOS DE LA HAMBRUNA EN PARAGUANÁ
abril 4, 2013, 9:51 pm
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1912-2012

CUANDO TODAS LAS PALABRAS ERAN HERMANAS DE LA SED

Isaac López

A mi hermano

Marcada en la memoria del pueblo paraguanero quedó para siempre una fecha: 1912, el año del hambre. Entre los hitos de la historiografía falconiana quizás sea ese el que tenga mayor sentido popular, quizás porque no constituye efemérides para el regodeo en pasados de heroicidad y batallas, en logros de élites políticas o en beneficios para los sectores que controlan la economía regional. Al contrario, la hambruna padecida en los inicios del siglo veinte se inscribe en la necesidad de respuesta a los anhelos aún presentes de nuestra gente humilde, por eso también su manifestación en la veneración a las ánimas de Guasare y de Güica. Los hechos quedan expuestos en una abundante oralidad aún no recogida ni sistematizada, pero que da cuenta de las calamidades y penurias vividas  al propiciarse un tiempo de larga sequía, donde escasearon además los alimentos y abundaron las enfermedades. Tratado referencialmente en crónicas, artículos o libros de historia, no es hasta años recientes cuando se ha comenzado a afrontar una reconstrucción de la tragedia vivida en Paraguaná desde los supuestos de la investigación seria que merece.

Alí Brett Martínez, conciencia crítica y escritura altiva, escribió en su libro Aquella Paraguaná, de 1970: “Recuerdo las loterías cantadas en metáforas. El 33 era la edad de Cristo; el 22, dos paticos nadando; el 12 significaba el año del hambre…”  Y en su Paraguaná en otras palabras, de 1974, recoge el testimonio de su tía Josefa de Sánchez, para traernos el recuerdo de esos días terribles: “En el año 12 la gente se alimentaba con semillas de mamón sancochadas; hacía arepas con algunas raíces molidas o comía pedazos de cueros asados.” “Dicen que en algunos campos de Paraguaná las madres le quitaban la comida de la boca a los hijos. Hacían llorar a los niños en momentos de llegar a las puertas de las casas de la gente con posibilidades. Cuando recibían el pedazo de arepa se lo arrebataban al hijo. Si les recriminaban por la actitud, las madres se defendían diciendo: Lo que yo me como lo saca él por la teta.”  El propio autor agrega en sus palabras: “Paraguaneros que vivieron el 12 cuentan hechos espeluznantes. En la desesperación del hambre la gente se alimentaba con plantas silvestres. El teco, una palma sin tallo muy abundante en algunos lugares de la península, sirvió de comida. Las iguanas casi desaparecieron y hay quienes aseguran que los más hambrientos se comían los bisures asados… El agua que se consumía era de casimbas salobres… Año de infaustas referencias que nos quedaron hasta en el refrán. Cuando alguien mezquina algo en la península, no falta quien le diga; pareces del 12.”

La imagen se repite una y otra vez al escuchar los relatos sobre la hambruna: en alguna vereda de monte una mujer es encontrada muerta, sobre el pecho inerte su hija de meses se amamanta. Un esqueleto alimenta una vida que comienza. El hambre del año doce es referencia cultural y sino de la península falconiana que pocos años más tarde vio establecerse en sus predios la incipiente industria del petróleo para almacenar y refinar el crudo venido del vecino estado Zulia. La muerte de un sistema económico forjado en trescientos años de historia, basado en el trabajo agrícola y pecuario, y el nacimiento de un nuevo tiempo marcado por la vida petrolera, tienen como intermedio un hecho telúrico que quedó impreso en la conciencia popular.

Autores como Aníbal Hill Peña (1943), Rafael Sánchez (1970), Ivan y Rodrigo Rodríguez Hidalgo (1973 y 1978), Juan C. Esteves (1980), Carlos González Batista (1984), Graciano Gasparini (1985), Mario Jacobo Penso y Rafael Gallardo (1986), Eudes Navas Soto (1993), o Jaime Laffaille (2011) presentan referencias y anécdotas, intentos de reconstrucción y análisis de los hechos que causaron la tragedia de la hambruna en Paraguaná en 1912. Pero sin duda alguna, junto a la destacada tradición oral sobre los hechos, en nuestra región uno de los más importantes referentes lo constituye la pieza teatral Los Dientes están demás, recreación del episodio a partir de testimonios recogidos en la península por el poeta Guillermo De León Calles. Impresa en Editorial Arte en 1976, ocho cuadros marcados por la dramaturgia irreverente de la época muestran el retrato de la desolación, la angustia., la zozobra y la desesperanza vividas.    

“Yo nunca creí en eso de que el verano iba a traer tantos desastres”, “Ni seña de que pueda caer una llovizna”, “¿No lo vamos a enterrar?”, “Ya ni nos lloran. Antes de que la maldición cayera sobre Paraguaná. Cuando uno era gente viviendo sobre la tierra…” Los sepultureros sostienen un diálogo de sordos, nadie escucha a nadie. El Libro de Defunciones del Distrito Falcón, localizado en el Archivo Histórico de Paraguaná, en sus 329 actas de defunción señala como causas: hidropesía, anemia, disentería, enteritis, cólera, hambre, hambre, hambre…  Más allá de las fantasmagorías, de los retratos macabros, de las creencias y supersticiones, -todos aspectos importantes para adentrarnos al fenómeno-, dos trabajos elaborados desde la Universidad Central de Venezuela presentan desde los supuestos de las disciplinas de la Historia y la Antropología las mejores reconstrucciones del tema. Se trata de La Hambruna de 1912 en la Península de Paraguaná, de Aida Urquía (1999) y El Año del Hambre. La sequía y el desastre en Paraguaná en 1912, de María Victoria Padilla (2011), textos fundamentales para conocer  las causas que originaron los hechos.

¿Por qué morían de hambre con tanto alimento en el mar? ¿Por qué por un solo año de sequía iba a ocurrir tal mortandad? ¿Por qué era una odisea el viaje a Coro y a la sierra si había una rutina de relación a través de embarcaciones desde Los Taques o Adícora? ¿Por qué no se produjo la solidaridad de las islas de Aruba y Curazao con las cuales la península siempre ha tenido intercambio? Basado en la exploración exhaustiva de fuentes documentales en centros regionales, nacionales e internacionales, el trabajo de María Victoria Padilla El Año del Hambre. La sequía y el desastre en Paraguaná en 1912 ofrece información importante para acercarnos a la comprensión de los hechos. Tres factores apunta la investigadora como desencadenantes del suceso: la sequía prolongada desde inicios del año 1911 por la cual se agotaron todas las fuentes de suministro de agua; el fenómeno climático de oscilación sur “El Niño” que hizo entre otros fenómenos escasearan las especies de mar tradicionalmente consumidas por los paraguaneros; y el azote de una inmensa plaga de langostas (chebebes) que diezmó la vegetación; unidos a la fragilidad y vulnerabilidad del sistema de vida de la Península, al precario sistema de comunicaciones y de salud, y a la indiferencia del gobierno regional del general León Jurado y nacional de Juan Vicente Gómez, cuya atención se centraba en ese momento hacia aquellas regiones que ofrecieran la posibilidad de yacimientos petrolíferos. Ante esa conjunción de factores –apunta Padilla- los mecanismos de adaptación de los paraguaneros en su modo de vida hicieron crisis, y las repercusiones afectaron principalmente a la gente más humilde, a los pobres de siempre, pequeños comerciantes y propietarios, criadores y conuqueros, asalariados y jornaleros. La situación no fue vivida sólo en Paraguaná, sino también en otras zonas del estado y del país, pero en otras regiones no alcanzó el dramatismo vivido en la península. Mil ochocientas veintinueve víctimas del desastre reportan las estimaciones de María Victoria Padilla, a las que nunca será posible sumar las de muertos anónimos regados por los mil caminos de la tierra reseca.

Digo del hambre con respeto por todos nuestros muertos, por la desgracia de esa humilde gente nuestra, obligada a la desesperada huida. Enciendo esta vela por Guasare y por Güica, en Piedra Honda y en las cercanías del Cementerio de El Vínculo, en todos aquellos parajes donde pequeñas cruces o piedras a la vera del camino dejaron el recuerdo de aquellos a quienes arrasó la tragedia. A cien años del doce muchas preguntas urgen por respuesta, interrogantes del ayer, del hoy y del futuro de la región. ¿Por qué sigue siendo tan precario el suministro de agua para los pueblos de Paraguaná.? ¿Por qué es una calamidad el conseguir el preciado líquido a la gente humilde de nuestra tierra, si se convive con los discursos satisfechos de la industria petrolera y de la zona libre de inversión turística? ¿Por qué sigue siendo falso y artificial el desarrollo peninsular? ¿Por qué coexisten frente a frente Tiguadare y el Paraguaná Moll? Como bien lo apunta Guillermo De León Calles en las palabras de su personaje: el año doce no ha muerto. Sigue presente, como una advertencia. Condena por la desigualdad del “progreso paraguanero”, metáfora de una vida que no hemos sabido construir. El esqueleto de la superficialidad nos alienta.

Ubicada en las orillas de la Salina de Maquigüa
Ubicada en las orillas de la Salina de Maquigüa